dijous, 8 de setembre del 2011

Anatomía de un detective


Imagínense al criminal más astuto y meticuloso del mundo. A continuación piensen que en ocasiones trabaja con la policía. Ahora, llámenlo por su nombre, Sherlock Holmes. Voilà, ya tenemos al mítico personaje de Doyle. Es inconfundible, ¿no es cierto? Con su chaqueta de tweed y siempre fumando su pipa. Cómo no, hay que añadirle su mítica expresión cinematográfica, “Elemental, mi querido Watson”. Pero no debemos quedarnos con esta simple impresión, a menudo creada por las series y películas, pues el probablemente detective más famoso de la historia de la literatura es mucho más profundo.


En cada una de las historias que Doyle escribió sobre Sherlock, nos da nueva información sobre el detective, a través de su fiel amigo Watson, que convierte en narrador. Holmes es un personaje inteligente, dado que su cerebro trabaja a una velocidad superior a la de muchos. Aún así, el detective se diferencia del resto por su capacidad de observación. Podríamos decir que es un perro rastreador, eso sí, que encuentra y sigue todo tipo de pistas. Una vez las descubre, es cuando entra en acción su capacidad deductiva, reforzada por su sabiduría en todo aquello relacionado con el crimen. Como bien dice Watson en Estudio en escarlata, Sherlock tiene unos conocimientos superiores a los de la mayoría de los humanos en temas tales como venenos, criptogramas, colillas de cigarros, crímenes… pero es un completo ignorante en materias como astronomía, literatura, filosofía o política. En muchas ocasiones su forma de actuar dista mucho de la empleada por Scotland Yard. Holmes hace sus propias indagaciones sobre el caso que su cliente le ha presentado, siguiendo una línea muy diferente a la de los inspectores británicos. Para ello, visita el lugar del crimen, fijándose en los pequeños detalles que los detectives del gobierno no observan e interrogando a personas que parecen no tener nada que ver con lo ocurrido. En los casos más complicados, Sherlock se disfraza para obtener información sobre la víctima o los sospechosos, pasando varios días fuera de casa. Cabe decir que Holmes es un hombre atlético, con una gran resistencia física que le permite estar varios días sin alimentarse decentemente. Además, es un gran luchador, pues es un experto en artes marciales y un gran esgrimista, cualidades que le sirven para escapar vivo de los criminales más peligrosos. Estos periodos de gran actividad, los alterna con otros en los que no tiene ningún caso interesante entre manos. En esas ocasiones, Holmes se encierra en su cuarto y se pasea nerviosamente por la habitación, ya que su cerebro le pide actividad. Para apaciguarlo, el detective recurre a las drogas (normalmente cocaína o morfina), hecho que exaspera al bueno de Watson.


En el ámbito más personal, Sherlock es un personaje solitario por naturaleza, aunque con un gran don de la palabra y con una capacidad asombrosa para comprender a las personas. Probablemente su único amigo sea Watson. Este último sirve a Sherlock como un mero espectador de sus deducciones. Incluso, en varias ocasiones, el doctor es burlado por la inteligencia de Holmes, que se divierte a su costa. Aún así, Watson es un gran colaborador de Sherlock y su ayuda práctica resulta de gran utilidad en multitud de casos. La profesión y el método de actuación de Holmes no le permiten dejarse llevar por ninguna clase de sentimiento. En este aspecto podríamos mencionar una excepción; la atracción que Sherlock sufre por Irene Adler, quizás la única mujer capaz de engañar al detective. Cabe decir que Sherlock es un personaje comprensivo. En muchas ocasiones, logra que el culpable no sea encarcelado, pues para él la acción cometida era algo inevitable. De esta forma, actúa al margen de la ley, hecho por el cual podría ser seriamente castigado.


Sir Arthur Conan Doyle creó un personaje controvertido y muy completo, que dista mucho de cualquier detective corriente. Si aún no lo conocen, lean sus novelas, pues no tienen desperdicio. Se lo aseguro.