En
cada una de las historias que Doyle escribió sobre Sherlock, nos da nueva
información sobre el detective, a través de su fiel amigo Watson, que convierte en narrador. Holmes es un personaje inteligente, dado que su
cerebro trabaja a una velocidad superior a la de muchos. Aún así, el detective
se diferencia del resto por su capacidad de observación. Podríamos decir que es
un perro rastreador, eso sí, que encuentra y sigue todo tipo de pistas. Una vez
las descubre, es cuando entra en acción su capacidad deductiva, reforzada por
su sabiduría en todo aquello relacionado con el crimen. Como bien dice Watson
en Estudio en escarlata, Sherlock tiene
unos conocimientos superiores a los de la mayoría de los humanos en temas tales
como venenos, criptogramas, colillas de cigarros, crímenes… pero es un completo
ignorante en materias como astronomía, literatura, filosofía o política. En
muchas ocasiones su forma de actuar dista mucho de la empleada por Scotland
Yard. Holmes hace sus propias indagaciones sobre el caso que su cliente le ha
presentado, siguiendo una línea muy diferente a la de los inspectores
británicos. Para ello, visita el lugar del crimen, fijándose en los pequeños
detalles que los detectives del gobierno no observan e interrogando a personas
que parecen no tener nada que ver con lo ocurrido. En los casos más
complicados, Sherlock se disfraza para obtener información sobre la víctima o
los sospechosos, pasando varios días fuera de casa. Cabe decir que Holmes es un
hombre atlético, con una gran resistencia física que le permite estar varios
días sin alimentarse decentemente. Además, es un gran luchador, pues es un
experto en artes marciales y un gran esgrimista, cualidades que le sirven para
escapar vivo de los criminales más peligrosos. Estos periodos de gran
actividad, los alterna con otros en los que no tiene ningún caso interesante
entre manos. En esas ocasiones, Holmes se encierra en su cuarto y se pasea
nerviosamente por la habitación, ya que su cerebro le pide actividad. Para apaciguarlo,
el detective recurre a las drogas (normalmente cocaína o morfina), hecho que
exaspera al bueno de Watson.
En
el ámbito más personal, Sherlock es un personaje solitario por naturaleza,
aunque con un gran don de la palabra y con una capacidad asombrosa para
comprender a las personas. Probablemente su único amigo sea Watson. Este último
sirve a Sherlock como un mero espectador de sus deducciones. Incluso, en varias
ocasiones, el doctor es burlado por la inteligencia de Holmes, que se divierte
a su costa. Aún así, Watson es un gran colaborador de Sherlock y su ayuda
práctica resulta de gran utilidad en multitud de casos. La profesión y el
método de actuación de Holmes no le permiten dejarse llevar por ninguna clase
de sentimiento. En este aspecto podríamos mencionar una excepción; la atracción
que Sherlock sufre por Irene Adler, quizás la única mujer capaz de engañar al
detective. Cabe decir que Sherlock es un personaje comprensivo. En muchas
ocasiones, logra que el culpable no sea encarcelado, pues para él la acción
cometida era algo inevitable. De esta forma, actúa al margen de la ley, hecho
por el cual podría ser seriamente castigado.
Sir
Arthur Conan Doyle creó un personaje controvertido y muy completo, que dista
mucho de cualquier detective corriente. Si aún no lo conocen, lean sus novelas,
pues no tienen desperdicio. Se lo aseguro.